Reflujo

El reflujo gastroesofágico es la patología más frecuente del aparato digestivo, pero la mayoría de la población que la padece no lo sabe. Muchos suelen confundirlo con la acidez y se automedican, logrando calmar el síntoma, al menos temporalmente. Pero si no se cambian los hábitos alimenticios, es probable que el malestar vuelva a afectar. Por otra parte, la automedicación puede generar complicaciones y problemas extradigestivos, como bronquitis, sinusitis, laringitis, faringitis, asma y trastornos dentales.

“Las personas con reflujo, un síntoma que deriva del paso de contenido ácido del estómago hacia el esófago, ven alterada profundamente su calidad de vida, ya que además de los síntomas sumamente molestos puede generar insomnio y alterar el humor”, explicó el director médico del Centro de Diagnóstico Digestivo (Cendig), Eduardo Segal.
Se trata, admiten los especialistas, de una problemática global. “Generalmente no hay muchos datos de estudios epidemiológicos realizados en el país, así que uno los trae de Europa y de Estados Unidos. Pero el doctor Olmos y los médicos de los hospitales Italiano y Posadas llevaron a cabo uno recientemente en varias ciudades de la Argentina, que permitió darnos cuenta que estamos en los mismos niveles que aquellos países”, aseguró Matías Deprati, médico del Hospital Italiano de Buenos Aires. Además de enfatizar la elevada prevalencia del reflujo gastroesofágico en toda la población, el profesional enfatizó que el grupo etario más afectado está entre los 30 y los 50 años.

Por otro lado, si bien no hay una gran diferencia en el nivel de afectación entre varones y mujeres (un 38 y 36%, respectivamente), “obviamente hay momentos de mayor vulnerabilidad”, explicó Deprati. “En el embarazo las mujeres suelen tener más reflujos y en los niños se da lo que se llama reflujo fisiológico, una patología que se intenta no medicalizar.”

“Es importante consultar con el médico cuando los síntomas iniciales cambian de intensidad, si no mejoran con la medicación habitual o si persisten en el tiempo después de realizar un tratamiento farmacológico. También se debe prestar atención a los llamados signos de alarma o banderas rojas del reflujo, que son la odinofagia (dolor al tragar), disfagia (sensación de que el alimento queda atascado en el esófago), pérdida de peso, sangrado con la materia fecal o en él vómito y pérdida de peso”, puntualizó Segal.
Por su parte, Deprati agregó que las medidas de “autocuidado”, como el consumo de leche, gaseosas, infusiones o antiácidos en forma de sales efervescentes son “muy poco efectivas y hasta contraproducentes”. Y explicó que “actualmente está disponible para la comunidad un fármaco de la familia de los inhibidores de la bomba de protones muy efectivo para el control del reflujo, como la sal magnésica de pantoprazol, que tiene un perfil de seguridad comprobado”. Sin embargo, reiteró el especialista, si no se cambian los hábitos alimenticios, no hay forma de eliminar definitivamente la molestia. «

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